Un poco de catarsis profesional. Soy administradora, emprendedora, entusiasta del Inbound Marketing, #Ucabista y #Salesiana.
@KairyMedina en redes sociales
Siempre me ha gustado el conocimiento, de niña mientras más abstracto o fuera de mi nivel estuviera algún conocimiento más me atraía. Como profesional he mantenido esta necesidad de mantenerme en aprendizaje continuo.
Es que ser profesional es una forma de vida, no un título que te faculta para ejercer una profesión (aunque esta parte también es sumamente importante). Ser profesional implica responsabilidad no solo por el conocimiento ya obtenido o por las tareas encargadas, es responsabilidad por el uso, distribución y crecimiento del conocimiento para la mejora y construcción de empresas y personas, por supuesto de nosotros mismos.
Por eso considero que un verdadero profesional siempre debe estar interesado y promover el aprendizaje continuo, porque reconoce que siempre hay mucho por aprender y mejorar en el entorno en el que se desenvuelve.
Para mí hay tres acciones claves para el aprendizaje continuo de cualquier profesional:
Debemos dejar de ser islas y compartir conocimiento e información con todos los miembros de la organización.
Es importante tengamos vida fuera de nuestras empresas con profesionales de otras áreas.
Investigar e implementar nuevas tecnologías debe volverse parte de nuestro día a día.
El aprendizaje continuo debe ser personal y organizacional, lo bueno es que hoy en día tenemos a nuestra disposición mucho conocimiento con tan solo hacer una búsqueda en Google.
Por otro lado, como yo soy fan del aprendizaje siempre estoy haciendo cursos online de distintas cosas, a veces solo por refrescar conocimiento o nutrirme de otras perspectivas. Así he llegado a tener un perfil profesional diferenciador y he hecho cosas que no imaginé cuando elegí mi carrera en la universidad, ni siquiera con mi maestría.
Un certificado más
Para que tengas un ejemplo, este es un curso que hice recientemente, fue muy nutritivo porque la visión del instructor, su ojo crítico y de colega me ayudó a entender cosas que puedo ahora, presentar de forma más amena a mis clientes de kairy.me y elemental.com.ve
El primer día de clases de Administración financiera I con Boris Akerman, hace unos cuantos años, nos dio varias premisas para que no olvidáramos nunca, entre ellas “nada es gratis”, para mí toda su explicación me pareció reveladora para ese momento había vivido más tiempo de mis padres que de lo producido por mí misma y el negocio más grande que había tenido venderles cosas a mis compañeros de clases.
Pero a medida que he avanzado me he dado cuenta de que realmente nada es gratis ni en la vida y mucho menos en los negocios. Todos esperamos algo, por ejemplo, si fuimos amables al subir en un ascensor al dar los “buenos días”, esperamos que los presentes respondan de la misma forma, así que, quizás no le podemos poner un precio a dar los buenos días, pero si tiene un valor para nosotros.
Hablando de negocios y emprendimiento, es común que se den ciertos inconvenientes con los involucrados y más aún con allegados que no forman parte realmente del negocio. Porque, aunque en un principio reine la buena voluntad en el tiempo lo gratis se hace pesado y cansa, a quienes no reciben retribución económica tan rápido como grandes sean sus necesidades.
Quiero que tengas éxito porque te quiero
Es común que amigos y familiares, se entusiasmen con nuestros proyectos y deseen involucrarse asumiendo ciertas actividades para ayudarnos, lo normal es que muchos lo agradezcamos porque son empujones para sacar el proyecto adelante. Pero, hay que tener cuidado, imagina que tu proyecto requiere de un mensajero para entregar el producto y mientras hacías la investigación uno de tus tíos se ofrece a hacer las entregas los viernes mientras resolvías, pasan los meses y es él quien se encarga de hacer las entregas sacándole kilometraje a su vehículo, y como el país está como está, un día te dice no te voy a hacer más entregas porque no puedo seguir gastando mi vehículo de gratis, justo el día que tenías el pedido más grande te deja a medias y desprotegido, no puedes reclamar ni molestarte él te estaba haciendo un favor y ya no puede.
Trabajo gratis
La gente siempre quiere ayudar sea porque te quiere o te admira y cree que junto a ti puede obtener buena experiencia, hasta ahí suena muy válido, de hecho si vas a ofrecer experiencia por trabajo gratis ponle el nombre de pasantía y limita el tiempo, así evitarás malos entendidos, como, una vez trabaje en el evento de un amigo siendo estudiante de administración me encargué de la taquilla, lo estaba ayudando, pero yo sabía cuánto había costado el evento y cuanto se había cobrado sólo en taquilla, la utilidad fue superior al 50% pero a todos los amigos que ayudamos nos dijo le había ido terrible y a duras penas dio las gracias. Si vas a solicitarle a tus amigos que te ayuden incluye un pago así sea simbólico, evita que saquen cuentas por sí solos de cuanto ganaste a costilla de ellos, después de todo tus amigos son tan inteligentes como tú y pueden sacar cuentas bastante certeras, aunque se les escapen algunos detalles, por lo cual pueden terminar pensando eres un estafador.
Cuentas claras conservan amistades
Sea con amigos o con familia si vas a hacer negocios, mantén las cuentas visibles a todos los interesados, sabemos que es normal sentir que alguien aporta más dinero o trabajo que otro, pero si todo está en papel se hace más difícil que se generen conflictos en el tiempo. Particularmente puedo parecer maniática, pero yo procuro que revisemos como van las cuentas mínimo semanalmente, así todos vamos en la misma página.
Recuerda un negocio es conocimiento e inversión para hacerlo posible y ambos valen muchísimo porque no hay dinero que pueda hacer negocio por sí mismo, por el contrario, pierde valor y acelerado con nuestra inflación, tampoco hay conocimiento que pueda hacerse público sin dinero, incluso el investigador moriría de hambre si no es financiado. Así que los proyectos deben ser consensuados, quien conoce el negocio sirve de brújula para llevar el dinero del inversionista al éxito, y el dueño del dinero puede decir cuánto crecerá o a qué velocidad.
Siempre digo que Venezuela es un país divertido y
retador; que, aunque el sistema de gobierno sea oficialmente catalogado como
dictadura internacionalmente; los venezolanos somos excepcionales y dispuestos
a seguir luchando, porque sabemos que podemos hacer más y estar mejor tanto
individual como colectivamente. Hoy nos queda un camino largo cuyo final no
sabemos por dónde vendrá, pero debemos estar seguros de que ya hemos recorrido
bastante y nos hemos alejando del comienzo.
Mientras salimos de esta situación o llegamos a
donde tenemos que llegar, creo que tenemos que seguir pujando, es decir, seguir
haciendo, informándonos, investigando, inventando y produciendo. Sé que no
suena fácil, pero es que sin importar nuestra personalidad o la forma en la que
aprendamos lo cierto es que sólo aprendemos a ver la totalidad de las cosas
cuando nos mantenemos en movimiento o lo que para mí es igual cuando nos
mantenemos haciendo, intentando no sucumbir ante la situación país que nos tocó
vivir a más de treinta millones de venezolanos.
Hoy todos sabemos que estamos viviendo un gran
momento histórico, para muchos es confuso con tantos dimes y diretes, pero aún
no somos historia, esta importante palabra la RAE la define como “Narración y
exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o
privados”. Entonces, nosotros haciendo lo que sea que estemos haciendo hoy, sólo
lo seremos cuando desde un libro le contemos a las próximas generaciones como
logramos seguir adelante cuando todo parecía perdido y como logramos resistir
hasta que el viento sopló a favor.
Por los momentos nos queda mucho por entender y
analizar sobre la marcha, con paciencia y acción estratégica, sabemos que
algunos tienen más poder o popularidad que otros para influir en este momento,
pero todos somos parte de la historia que construimos como país día a día y
tenemos que hacer para que nuestro aporte por pequeño que sea ayude a resistir
y salir adelante, así sea en el ejemplo que le damos a los más pequeños de la
familia, para quienes finalmente nosotros los adultos construimos los caminos
históricos, sólo con la intención de que ellos lleguen más lejos.
Decidir es quizás la muestra más
representativa de que somos libres. Razón por la cual es, seguramente, una de
las cosas más fáciles y difíciles que hacemos. Es fácil porque hay decisiones
que tomamos todos los días y son operativas, de forma que no nos demandan gran
análisis. Como decidir tomar algo frío en lugar de algo caliente cuando tenemos
calor, parece una decisión sencilla y automática, tal vez si lo sea, pero fíjate
que, si en lugar de refrescarte eliges un chocolate caliente, porque hace días
que te provocaba uno es probable que el resto de la tarde estés acalorado y
termines de mal humor, lo cual en cierta forma demuestra que ninguna decisión
es simplemente ella, es todo lo que la acompaña y rodea.
Hay otras decisiones que por sí
solas pareces las grandes elecciones de la vida, porque pueden llegar a
cambiarla por completo y las que sabemos que no se pueden tomar a la ligera y
para las que siempre querrás exista una señal divina para no equivocarte o
buscaras pensar y volver a pensar sobre ellas, aunque no tengas tiempo y debas
decir Sí o No al instante. Es ahí cuando quizás vale más la sensación que
tienes de si puede ser un éxito o un fracaso y decir salga lo que salga me
arriesgué y lo viví.
Sólo decidimos porque tenemos
experiencia en algo y sólo podremos decidir certeramente si asociamos nuestras
decisiones a algo que conozcamos, dicen que nadie aprende por experiencia ajena
y eso es fácil de entender, porque cada decisión que tomamos tienen nuestros
propios matices de lo que ya hemos vivido. Pero a veces las decisiones que
tomamos sólo requieren un salto de fe esperando lograr volar y si hemos de
fracasar saber que estaremos listos para una decisión mayor.
Yo siempre evalúo mis “grandes decisiones” millones de veces, las calculo y las vuelvo a calcular millones más, pero para mí todo queda claro cuando mis mecanismos de seguridad ante decisiones trascendentales siento los puedo saltar, ahí la decisión se siente bien y es sí porque sí sin importar nada. Después de todo mi experiencia para tomar decisiones me ha enseñado que si la decisión se siente bien ya casi tengo el éxito seguro, sólo falta publicarlo.
Ha pasado un año desde que renuncié al empleo que más me fortaleció profesionalmente y a la vez más me destruyó moralmente.
Siempre que aceptamos un empleo hemos realizado una negociación, de salario y conocimientos, para asumir un cargo por cierta cantidad de dinero. Aunque parece sencillo lo que se negocia no es tan simple, hay algo en mi experiencia que negociamos aún sin saberlo y son nuestros valores por los valores corporativos.
El comienzo
Cuando empezamos nuestra vida profesional estamos ávidos de demostrar todo lo que sabemos, lo mucho que valemos, a la vez que vamos adquiriendo toda la sabiduría de la experiencia que muchas veces nos falta. Así que, al empezar nuestra vida laboral la mayoría de las cosas nos pueden parecer normales y correctas, hasta que vamos madurando profesionalmente y conociendo otras empresas, sea porque cambiamos de empleos o simplemente conversamos con nuestros compañeros las distintas experiencias empresariales, con lo cual formamos nuestra opinión de cómo debería desempeñarse perfectamente nuestra profesión y cargo en cualquier empresa. Cuando entendemos cómo debería ser nuestro lugar y funcionamiento en una empresa valemos mucho más para ella porque podemos pujar por su desarrollo lo cual muchos supervisores saben apreciar (y hay que reconocer que muchos otros lo envidian).
El agua estancada se pudre
Como profesionales tenemos que movernos constantemente, no se trata sólo de cambiar de empleo (lo cual es muy bueno en los inicios para formar la opinión que mencioné anteriormente), se trata de seguir estudiando ampliando las herramientas de manejo empresarial y la interacción con otros profesionales, no estás contratado sólo para apretar una tecla sino para ser parte de la empresa, para entenderla y colaborar a que perdure en el tiempo. Cuando nos movemos crecemos individualmente y así podemos aportarle mucho más a la empresa. Pero, hay que tener cuidado de creer que nos estamos moviendo libremente cuando realmente estamos en una pecera, esto sucede cuando nos sumergimos tanto en la cultura corporativa que vivimos que no nos permite pensar ni hacer nada que no haya sido previamente modelado por sus propias limitaciones. En este caso como cualquier pez atrapado se está condenado a morir en corto plazo. En mi humilde opinión por estancarse en una pecera muchos terminan sufriendo Burn Out. Los valores no son negociables
Cada empleo tiene su aporte a tu vida profesional y hay que valorarlo por eso, más allá de la satisfacción económica del salario que en Venezuela es bastante complicada. En el caso del empleo al que renuncié hace un año le debo mucho, en especial a mi primera jefa, porque aprendí mucho sin él no podría estar viviendo la aventura emprendedora-freelance que vivo hoy e incluso me enseñó que por más que ames tu empleo los valores no se negocian, porque los valores son la guía que tenemos para ser fieles a nosotros mismos, nuestros parámetros del bien y el mal. Cuando negocias tus valores por los de la empresa, incluso sin darte cuenta, sea en el corto, mediano o largo plazo te perderás a ti mismo y vivirás en modo automático, como en la película Click pasarás los días perdiendo el control de lo que quieres y debes hacer por cumplir con las metas por caminos que están totalmente fuera de ti.
Particularmente, no puedo negociar la honestidad ni la dignidad humana, creo que van de la mano. Si bien, la finalidad de la empresa es perdurar en el tiempo lo cual revela que los empleados son prescindibles en ese mismo tiempo, no quiere decir que haya que tratarlos como cosas. Creo que es mucho más honesto negociar la renuncia de un empleado que tratarlo como una cosa arrumbada para esperar que renuncie, el que pueda hacer eso atenta contra su propia dignidad.
Quizás sólo sea yo y mi paradigma la frase de Don Bosco Buenos Cristianos y Honrados Ciudadanos, pero hace un año recuperé más de lo que me podía ofrecer cualquier empleo.